Cuando piensas (más bien, haces memoria) que, luego de la grabación de Master Of Puppets, murió Cliff Burton en un trágico accidente automivilistico -esas cosas que no deberían pasar-, sientes una mayor crudeza en este gran disco. Como si hubiesen tenido una verdadera visión de muerte o como si se hubiesen anticipado a los hechos. Cuando te cuentan que Hetfield casi asesina al conductor que los llevaba de gira o averiguas que Les Claypool casi se puso a llorar por no ser escogido como reemplazante de Burton (bueno, menos mal), comienzas a unir todo. Te cae la teja. Recuperas algo perdido. Recuerdas la grandeza de Metallica, la función que cumplían en las cabezas de muchos. Esa función activadora, como una parte del engranaje de ese gran switch automático.
Como cuando empieza ‘Battery’ y recuerdas el porqué de que sus guitarras se transformaran en parte de tu adolescencia. Te das cuenta de cómo Metallica ha sido todo un torrente de influencia, advertencia y rudeza. De golpes en las piernas.
Master of Puppets es una alarma temprana contra la manipulación y podías llegar a soñar en matar al que te hacía bullying escuchando ‘Lepper Mesiah’.
Nadie podría negar que Master Of Puppets es toda una obra maestra. Una clase magistral de metal, como una ilusión optica o un oasis en el desierto, pero uno creado por la mente del mismísimo Satanás. Lleno de fuego y muerte, de ira y perversión. Como para cambiar la forma de oir. De esperar. Con el rojo de ‘Orion’ formando parte de la confabulación. Como una especie de degeneración permanente. Una perfecta corporación creada para destruir.

















LA ZORRA!
si la zorra. hay una guitarras muy piteadas en este disco.
Puta que es buena Orion por las rechuchas!